¿Das a tus hijos los «abrazos» que necesitan? Puede que los estés asfixiando sin saberlo

Cuándo tus abrazos dejan de ser un regalo para convertirse en «asfixiantes» o una carga que produce hastío o apego en tus hijos (crianza consciente y gestión emocional).

¿Hay momentos en que no deseas hacer todo por ellos, pero terminas haciéndolo?

¿Alguna vez has sentido que el cariño o el vínculo con tu madre, te dejaba sin espacio para respirar?

Muchas veces creemos que el amor de una madre es el más sano, pero a veces puede convertirse en una jaula de cristal.

¿Das a tus hijos los «abrazos» que necesitan? Puede que los estés asfixiando sin saberlo

Antes de entrar en detalle, quiero que sepas que de ninguna manera pretendo debatir o cuestionar acerca de la importancia de los abrazos físicos —esos de pecho con pecho—. Sin duda, una forma profunda de satisfacer las necesidades afectivas de los hijos(as) y una poderosa herramienta para que la madre cree vínculo y transmita su amor. Esto no admite ninguna discusión.

Una de las intenciones con este escrito es ayudarte a reconocer, mediante ciertas manifestaciones, cuándo esos «abrazos» —simbólicos o reales que nutren la relación y conexión madre-hijo(a)— sobrepasan el límite de lo saludable y empiezan a lastimar, coartar y frenar el adecuado desarrollo de tus hijos(as).

Este panorama, con el tiempo, puede impedir que tus hijos se atrevan a volar del nido. Evitar que esto ocurra es la segunda gran intención de este artículo: ayudarte a tomar consciencia de cuándo esos abrazos empiezan a causar daño y a limitar a tus hijos(as).

Aclarada mi intención, entremos en materia:

Tanto si eres madre como si eres hijo(a), este artículo te va a servir

A diario, en mi consulta, detecto la culpa y la impotencia tanto en las madres como en los hijos(as): las primeras, por su dificultad para identificar cuándo están asfixiando y, los segundos, por su incapacidad para soltarse y lograr su independencia emocional.

Si también sufres esta impotencia, la forma más efectiva de ayudarte a superarla —al menos en estas pocas líneas—, es proponerte la autoindagación. Es un camino hacia la introspección que evitan que salgan a flote el victimismo y la evasión, hábitos emocionales que suelen sabotear cualquier proceso de crecimiento y superación.

Además, una gran herramienta para empezar a resolver cualquier tipo de conflicto. Por eso, en el resto de este escrito la utilizaré, en gran parte, para ayudarte a lograr los objetivos que me he propuesto para ti.

Cuáles son los abrazos que asfixian

Un abrazo parece ser un acto físico que despierta y expresa una gran cantidad de sentimientos, una forma de manifestarnos y conectarnos entre nosotros, los humanos, ya que presumiblemente es una necesidad que los animales no comparten.

Sin embargo, a veces existe un hilo invisible, una intención inconsciente que puede transmitir el abrazo; no tanto el físico, sino el emocional o comportamental. Ese que se disfraza de afecto y «buenos» procederes, pero que en el fondo oculta una carencia o la necesidad de llenar un vacío por parte de la madre.

Y esos son, precisamente, los abrazos que asfixian: los que esconden una necesidad reprimida o no reconocida.

¿Te percibes como madre intentando resolver todo por tu hijo(a)? ¿Recuerdas si, en tu infancia, tu madre controlaba hasta el mínimo detalle de tu vida?

¿Por qué sucede?

Todo vacío tiende a llenarse: la naturaleza siempre busca «compensarse». Por ejemplo, si comes muchos alimentos que te provocan acidez estomacal, necesitas ingerir algún producto o remedio que te compense, preferiblemente con un pH alcalino, como el bicarbonato de sodio.

Desde el punto de vista biológico, el equilibrio parece ser el estado natural que permite que el universo funcione adecuadamente. Por eso, el vacío no existe: siempre se llena y equilibra, de forma consciente o inconsciente.

¿Sientes que sufres de grandes vacíos maternos? Posiblemente, estos te lleven a buscar la compensación inconsciente con tu hijo(a).

La compensación inconsciente: cuando el vacío materno recae en los hijos

La homeostasis es la capacidad que permite que cualquier sistema —abierto o cerrado— se regule y se ajuste mediante sus propios mecanismos dinámicos.

Las bacterias, por ejemplo, regulan la homeostasis del aire, del oxígeno. Sin su participación, podríamos morir por exceso de calor o por falta de oxígeno.

Cada organismo biológico es un ejemplo vivo de equilibrio y autoregulación.

Toda la explicación anterior es para que entiendas que, cuando una necesidad emocional no se satisface, el desequilibrio interno busca regularse mediante algo que la mente asocie como compensatorio.

¿Cómo opera la compensación entre madre-hijo(a)?

La psique, con o sin nuestra voluntad, busca compensar la carencia conforme a su propio sistema de creencias, recuerdos y programación ancestral. Así que, cuando no somos conscientes de esa carencia, el inconsciente actúa y debilita nuestra voluntad: toma el control y dirige nuestras acciones.

De modo que una madre puede “echar mano” de un hijo(a) para satisfacer una necesidad emocional.

En su inconsciencia, la madre puede encubrir este fenómeno creyendo que se trata de una muestra de afecto, cariño o amor hacia su hijo(a). Por ejemplo: hace las tareas o deberes a su niña para que ella la «apruebe», la cual es su carencia no reconocida.

¿Te has sorprendido justificando una acción que en el fondo sabes que perjudica a tu hijo(a)?

¿Tus «abrazos» asfixian? Señales claves para madres e hijos(as)

Sé que lo anterior suena crudo, lo sé. Es una estrategia para despertarte —créeme que funciona— y que sirve para sacarte de tu zona de confort; de aquella que justifica todo y te induce a pensar o decir: “Todo está bien”, “No pasa nada”, “Esto es solo amor, lo que siento por mi pequeño(a)”, «La situación mejorará cuando crezcan».

De igual modo, se pueden transmitir al hijo(a) ideas como: “Mi madre solo me está mostrando su afecto”; “está cumpliendo con su obligación, es lógico, es mi mamá”; entre otras.

¡Y a lo mejor tienes razón! Es amor o afecto lo que estás demostrando (madre) o lo que te demuestra tu madre. Por eso, te voy a dar unas señales que te ayudarán a detectar o confirmar que tus abrazos no están asfixiando a tus hijos. Veamos:

Apego inseguro y asfixiante en la infancia: síntomas emocionales y conductuales
Foto de Kindel Media: https://www.pexels.com/es-es/foto/amor-mujer-relacion-retrato-8550841/
Un menor que presenta síntomas de enfermedad constantes y variables. Se trata de aquel niño(a) que pasa más tiempo en el médico u hospital que en su propia casa o escuela.
Dificultad o trastorno con la comida o el sueño. En este punto vemos a un niño(a) que come demasiado o nunca tiene apetito. En una oportunidad conocí a un pequeño que, cuando su madre lo llamaba a comer, gritaba y lloraba con una rabia descontrolada porque casi nunca sentía hambre.
Rabietas frecuentes. Los conocidos berrinches pueden ser un síntoma cuando son habituales y muy prolongados. Es decir, un niño(a) que manifiesta esta actitud ante la mínima frustración, en diversas situaciones y con modos de expresión variable.
Bajo rendimiento académico sin una causa aparente.
Gran timidez o introversión. Estamos ante un niño(a) que se esconde de la gente, no habla en la escuela y muestra un estado frecuente de apatía y desánimo. También puede ser dócil o sometido.
Rebeldía y agresividad. Esta agresividad es dirigida. Tenemos el típico caso de una madre que dice: “Es solo contra mí; con los demás es un ángel”.
Un pequeño dictador o un adolescente muy exigente. Se trata de un menor al que nada le gusta o le satisface, caprichoso al máximo, que termina gobernando a sus padres o a uno de ellos. Es el típico caso que se describe en el «síndrome del emperador».
Llanto o tristeza frecuentes sin ninguna justificación. Es una condición que se presenta principalmente en las niñas. Podemos decir que es el comportamiento opuesto a la agresividad, una actitud que suele manifestarse más en los niños.

¿Cuántas de estás señales presenta tu hijo(a)? ¿Con qué intensidad y frecuencia? Esto último es lo más importante. Por ejemplo: si tu hijo es introvertido, «hijo olvidado» o poco sociable, pero con determinadas personas y situaciones, esto no es una señal contundente.

Sin embargo, si no quiere ir a estudiar ni salir a ningún lado ni tiene amigos, este sí es un claro indicio de que lo puedes estar asfixiando o presenta un conflicto emocional que requiere ser atendido.

Afectaciones en la adultez: dependencia, parejas inestables y agresividad
Puede ser aquel hijo(a) que no logra un trabajo estable o un nivel económico que le permita emanciparse; un «Peter Pan». ¿Te sucede que, estás presionado(a) por las deudas y constantemente pides el rescate de tu madre?
Alguien que no encuentra una pareja estable, un típico «picaflor«. Esta conducta suele ser secundada y justificada por la madres, quien en algunos casos interviene e incluso conspira para impedir que las relaciones amorosas de sus hijos. ¿Se inmiscuye tu madre en tus relaciones?
Gran abnegación por su madre. Es una condición de sumisión y veneración hacia ella. En mis estudios y experiencia profesional, denomino a este fenómeno «hijo(a) bastón». ¿Sientes preocupación al menor problema de salud de tu madre y estás siempre preparándote para atenderla?
Un descendiente, por lo general varón, que desde muy joven cumple las funciones de «hijo proveedor«. Te ha pasado que, dejas de cumplir tus obligaciones para cumplir alguna de tu madre?
El exceso de cuidado materno puede hacer que, los hijos tengan dificultades para tomar decisiones por sí mismos… incluso en cosas pequeñas, como elegir un restaurante o decidir qué ropa ponerse. ¿Sigues tus impulsos o esperas la aprobación de alguien más antes de actuar?
O también aquel hijo(a) que, apenas crece, «vuela» y, si te he visto, no me acuerdo. ¿Te sorprendes evitando a tu madre con frecuencia o pasas años sin verla o visitarla? 
El confidente de su madre. La madre busca con insistencia a este hijo(a) cuando tiene problemas y necesita una amiga. ¿Eres capaz de escuchar a tu madre durante varias horas seguidas sin decir ni «muuu»?
Gran agresividad. Es la versión adulta del hijo(a) exigente o con «síndrome del emperador». Una vez adulto(a), maltrata a su madre con ofensas, actitudes e incluso agresiones físicas. ¿Vives en frecuente conflicto con tu madre y se lastiman mutuamente?

Las señales que te he dado, muestran síntomas que, de acuerdo con mi experiencia y conocimiento, evidencian la existencia de una relación asfixiante entre madre-hijo(a).

No obstante, es la combinación o correlación entre ellos la que va a indicar que los “abrazos” dados sean perjudiciales para ti’, dependiendo de si estás satisfecho(a) o no con los resultados de vida que tienes hoy.

Conclusión y próximos pasos para una crianza consciente e independencia emocional

Ahora posees recursos, si eres madre, como mínimo, para identificar si tus «abrazos» están sobrepasando el límite. Y, si eres hijo o hija, para detectar el origen de alguno o varios de los conflictos que presentas y comenzar a resolverlos.

Con este escrito, como te mencioné, he pretendido que dispongas de información que te conduzca a la reflexión, a salir de tu zona de confort, a pellizcarte —cuanto menos—, para que identifiques de dónde proviene aquello que puede estar sucediéndote. No hay nada de malo en ti, ni nada que no puedas resolver con consciencia. 

El rol que desempeña la madre es vital para la supervivencia física y emocional de cualquier ser humano, el afecto de una madre puede hasta modificar el ADN de su hijo. De ahí mi insistente y florida escritura sobre este tema.

Lo que siga de ahora en adelante depende de ti.

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¡Hola! Soy la autora de este artículo

Luz Quiceno R.

Soy escritora, autora de cinco libros sobre la temática de las emociones en la pareja, la educación de los hijos y la salud emocional. Especialista en Bioneuroemoción© en Enric Corbera Institute, creadora del método CER©, Consultora y Coach Emocional y Directora de LUZ EN TU CAMINO INTERIOR.

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